lunes, 5 de mayo de 2008

martes, 8 de abril de 2008

Suspendidos...



es la luz que más me gusta

Foto: Horacio

viernes, 28 de diciembre de 2007

Autoreferente


Video de Lados Oscuros (Seol)

viernes, 31 de agosto de 2007

Tristemente Célebre (Dittborn)


Reimpresión de la ficha de un ladrón chileno de los años 40 y de textos que son variaciones de la frase hecha, tristemente célebre.
El penitente supendido en la imagen, el rostro en la fotografía...es extraño que no pueda dar noticias de la amenaza, del sudor, del robo, la palpitación, las manos llenas, la emboscada.

viernes, 17 de agosto de 2007

Impresiones de cuerpo












este cuerpo (se) fue impreso un diciembre del 2005

jueves, 16 de agosto de 2007

SAMSON


Las cien zorras mordieron el trigo y corrieron por el espejismo amarillo que calcinaban al trote. Detiene el pie en el umbral, cae el sol y caen cien pájaros abrasados, da un paso, una polilla se incendia.
Yo, el ángel, digo: abominarás la sidra y el vino, porque ellos traban la voluntad y enloquecen el espíritu; ninguna navaja tocará tus cabellos; entonces, guardaré a tu pueblo.
¿Qué redime al sanguinario? Una quijada aguantando la sangre de mil hombres, otros incontables en el polvo contra dos columnas. Pero el filo de unos dedos siempre, pero el corte entre las sábanas, pero el fuego de soles que ya no existen, siempre.

SAMO & MIMI

sábado, 2 de junio de 2007

LOS HOMBRES DEL ALBA



Y después, aquí, en el oscuro seno del río más oscuro,en lo más hondo y verde de la vieja ciudad,estos hombres tatuados: ojos como diamantes, bruscas bocas de odio más insomnio, algunas rosas o azucenas en las manos y una desesperante ráfaga de sudor.


Son los que tienen en vez de corazón
un perro enloquecido
o una simple manzana luminosa

o un frasco con saliva y alcohol
o el murmullo de la una de la mañana
o un corazón como cualquiera otro.

Son los hombres del alba.
Los bandidos con la barba crecida
y el bendito cinismo endurecido,
los asesinos cautelosos
con la ferocidad sobre los hombros,
los maricas con fiebre en las orejas
y en los blandos riñones,
los violadores,
los profesionales del desprecio,
los del aguardiente en las arterias,
los que gritan, aúllan como lobos con las patas heladas.
Los hombres más abandonados, más locos, más valientes:
los más puros.




Ellos están caídos de sueño y esperanzas,
con los ojos en alto, la piel gris
y un eterno sollozo en la garganta.
Pero hablan. al fin la noche es una misma
siempre, y siempre fugitiva:
es un dulce tormento, un consuelo sencillo,
una negra sonrisa de alegría,
un modo diferente de conspirar,
una corriente tibia temerosa
de conocer la vida un poco envenenada.

Ellos hablan del día. Del día,
que no les pertenece, en que no se pertenecen,
en que son más esclavos; del día,
en que no hay más camino
que un prolongado silencio
o una definitiva rebelión.

Pero yo sé que tienen miedo del alba.
Sé que aman la noche y sus lecciones escalofriantes.
Sé de la lluvia nocturna cayendo
como sobre cadáveres.
Sé que ellos construyen con sus huesos
un sereno monumento a la angustia.

Ellos y yo sabemos estas cosas:
que la gemidora metralla nocturna,
después de alborotar brazos y muertes,
después de oficiar apasionadamente
como madre del miedo,
se resuelve en rumor,
en penetrante ruido,
en cosa helada y acariciante,
en poderoso árbol con espinas plateadas,
en reseca alambrada:
en alba. En alba
con eficacia de pecho desafiante.

Entonces un dolor desnudo y terso
aparece en el mundo.
Y los hombres son pedazos de alba,
son tigres en guardia,
son pájaros entre hebras de plata,
son escombros de voces.
Y el alba negrera se mete en todas partes:
en las raíces torturadas,
en las botellas estallantes de rabia,
en las orejas amoratadas,
en el húmedo desconsuelo de los asesinos,
en la boca de los niños dormidos.

Pero los hombres del alba se repiten
en forma clamorosa,
y ríen y mueren como guitarras pisoteadas,
con la cabeza limpia y el corazón blindado.

Efraín Huerta, 1944